miércoles, 14 de septiembre de 2011

Un embarazo con final feliz

Hay veces que paseas por la vida siguiendo caminos que no llevan a ningún lado y que desde un principio parecían abrirte las puertas del paraíso cuando por fin alcanzaras el final. Desde pequeño te dicen que tienes que elegir el camino que más se parezca a lo que quieres ser y conseguir en tu vida, un paseo para recordar (o no) en busca de lo más ansiado, la felicidad.


Me recuerda un poco a los caminos del bosque, en los que en la Edad Media, conducía un señor granjero pobre, con su mujer y sus hijos llenos de harapos sucios y un par de reses viejas y flácidas en busca de una ciudad y un lugar donde dormir, ya que la guerra a llegado a su pequeño pueblo, donde dos familias adineradas se pelean por unas tierras que se encuentran a las afueras del pueblo. Ya no hay trabajo y toca emigrar, y no solo a la familia de este ser imaginario que pasa por mi cabeza, sino a la de muchos otros campesinos u obreros que empiezan a construir catedrales.

Seguro que este campesino, no deseaba desde pequeño alcanzar la felicidad intentando vender su ganado y haciendo tejemanejes para conseguir comprar unos harapos nuevos a sus hijos o comprar un plato caliente para cenar.

Y viendo la imagen de este pobre hombre, al cual voy a bautizar como Joel, es cuando uno se da cuenta de que; aunque la mayoría de las veces, nos esforzamos por conseguir algo, por un final feliz, y una vida como todos hemos soñado; te das cuenta, que todo es un conjunto de vueltas, coincidencias, casualidades, desgracias y alegrías, que consiguen separarte del camino que te habías marcado en tu vida. O de la persona que habías encontrado en ese camino.

El ladrón que aparece en medio del camino e intenta asaltar la carreta de Joel y llevarse a su mujer. Y es que todavía no había hablado de la mujer. Alisa estaba felizmente casada con Joel desde los doce años (aunque realmente eran trece para catorce) hasta que después de varias semanas por el camino de piedras que les conducía a la nueva ciudad en la que iban a vivir, les asaltó un vándalo que apareció desde el bosque. De normal, solían asaltarte varios, matar el ganado, dos pedradas a los hijos y robar las bolsas de oro. En este caso, fue solo un vándalo, y no quería ni oro ni sangre, sino a Alisa. La raptó y dejó a Joel con sus dos hijos en medio del camino. Ves, una serie de desgracias, y casualidades.

Alisa no opuso resistencia y es que, estuvo mucho tiempo casada con un hombre que, a pesar de ser buen esposo, nunca había logrado hacerla feliz. Ella sabía que no era su culpa, pero en cuanto vio como se portaba Asthon con ella, conoció al amor de su vida. Quince años menos, pero el amor de su vida.

Y así es como de repente, nuestro amigo Joel perdió a la persona que más quería en su vida. Bueno, no la perdió, porque es uno de estos hombres que no se rinden, que luchan por lo que quieren; y una vez asentado en su nueva ciudad, dejó a sus hijos a cargo de una doncella y cogió un Ryanair rumbo a donde él creía que estaba su mujer (intuición masculina le llaman).

Y aquí entra en juego el destino, que de vez en cuando te ayuda un poquico, y Joel consiguió encontrar a Alisa, luchó contra todo y contra nada y consiguió recuperar al amor de su vida, volver a tenerlo a su lado.

Pues, esta aventura con un final tan feliz, que pensábamos que iba a terminar tan mal duró un total de nueve meses, que se dice pronto, como un embarazo. Y que todo saliera bien fue fruto de la elección del camino correcto, aunque en un principio pareció el erróneo, pero que consiguió volver a unir a este matrimonio, para siempre.

Todo saldrá bien.

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