“Cumpleaños” Eso se podía ver bajo la sombra de la tenue luz de la lámpara de diseño, la persiana medio bajada, para que se pudiese ver mejor la película. ¿Qué película? ¿De verdad era una película?
Champagne, como los ricos. Que la ocasión lo merece, y Nueva York de fondo, o por lo menos yo lo veía a través de la ventana: la silueta de los grandes edificios, gente leyendo en los bancos del puente, un tremendo atasco de taxis; pero no se oía nada ni una sola bocina. Ni un solo claxon. Solo mi corazón acelerado. Infinitos besos bajo un sol plateado, casi infantil; o adolescente. ¿Enamorada? Ni de coña.
Una nana a piano daba ritmo a la situación. Me gusta tocarte al compás de la música, aunque no sepa llevarlo bien. Pensándolo bien, igual si que se llevarlo, pero no me gusta que nadie me lo marque; prefiero ser yo, la que lo decida; compás a compás.
En la cama, donde todo empieza. Y donde esperemos que siga, un millón de veces más hasta la misma hora de siempre. Por lo menos con la misma pasión.
Por favor. Sonríeme, como Amelie.
Las aceras atestadas de gente se convirtieron en parqué, los grandes edificios en una mera pegatina, los taxis se desvanecieron formando una lámina, y el puente pasó a ser un triste cuadro sobre una cama. Y tú, tú te fuiste también.
Loving Strangers.
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