lunes, 27 de diciembre de 2010

A veces lo que buscas esta tan cerca que cuesta verlo

Nunca había entendido la razón de querer subir una montaña. Un montón de pasos perdidos en un camino sin pavimentar, de piedras y barro, alrededor de matojos y espinos, o simplemente rodeados de nada, más que de niebla y frio, o sol, o lluvia.

Respirando oxigeno de verdad. No de este que nos venden, milagroso, que incluso rejuvenece, te quita arrugas y quilos de más.

Cada paso dado, un poquito más arriba, cada tropezón nos sigue llevando a lo más alto. A pesar del peso, no hay que parar.

Y como sabes, hablo sin experiencia. Sin la experiencia de algo que hace hasta bastante poco me parecía algo absurdo, y cansado. Y ya entiendo por qué.

Quizás es que todo el mundo que sube una montaña tiene una motivación para hacerlo. Algo dentro que le lleva a querer superarse a sí mismo, a caminar y caminar hasta llegar a lo alto, donde ya no queda nada más, donde ya no se puede avanzar, donde das un paso más y caes, ya no existe mas que el cielo; el infinito cielo, lleno de estrellas.

También puede que haya alguien que quiera observar el paisaje, pararse en cada piedra del camino, en cada imagen, en cada ambiente, y guardarlo en su memoria de por vida.

Quizás otros solo busquen aventura y adrenalina, la jodida experiencia que cambie sus vidas, para siempre.

Yo ya tengo una razón para subir una montaña.: un infinito abrazo en la cima.

Hasta el infinito.

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