Y lo pienso, y sí, tienes razón, nos domina el incesante miedo. El miedo que engancha y no deja jugar. El miedo que nos hace ocultarnos detrás de una imagen que no somos, de una careta que impide que los demás nos reconozcan. O lo que es peor, una máscara que nos ponemos después, para no avanzar, para frenar, para no confiar.
Pues que sepas, que yo no quiero parar. Quiero seguir descubriéndote, poco a poco pero a toda velocidad. Dejar ratos de mi vida para incluirme en la tuya, robarte sonrisas entre niebla y frío, bajo miradas indiscretas.
Hablar de secretos, recuerdos y películas. Hacer planes. Soñar.
No quiero que el semáforo se ponga verde. Quiero seguir contigo. Y no, no tengo miedo.
Quiero más silencios. Así.
Vuelve.
No hay comentarios:
Publicar un comentario