Siempre dicen que el mar te atrapa, te lleva hacia adelante y hacia atrás; para dentro y para fuera, hacia el horizonte y hacia la orilla. Cuesta entrar, porque está frío; ya sea en el Cantábrico o en el Mediterráneo, necesitas unos segundos o minutos para acostumbrarte. Pero esta vez, entro apresurada.
A veces te cubre, y necesitas mover los pies tan tan rápido para no hundirte que llegas a fatigarte, a necesitar un respiro; para seguir, para seguir flotando.
Cuando las olas se relajan y la superficie salada permanece en calma, puedes incluso tumbarte, dejar que todo tu peso sea arrastrado, donde él quiera, donde te lleve, te da igual muy dentro o muy fuera; cierras los ojos. Te dejas llevar.
Y cuando los abres, miles de pensamientos han pasado por tu cabeza, y ya no estás donde empezaste. Te toca volver a nadar, hacia adentro; siempre. Que si sales, pasas más frío, y se te pega la arena. Que asco.
Me vuelves a ganar.
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