Hoy iba por la calle camino a la universidad, cuando alguien me ha dicho: ¡Mira, el Heraldo!, me he agachado y lo he cogido.
Así de simple. En un portal de un establecimiento, ahí estaba. El tabloide estaba doblado por la mitad, y para mas sorpresa; cuando lo he abierto para ver los titulares, dentro, también doblado; el Marca. Pero me ha dado igual.
Nunca pensé que podía alegrarme de robar un periódico. Y digo robar, porque no estaba ahí porque nadie lo hubiese perdido. Digo robar, porque estaba en la puerta de un Salón de Juego, y porque el dueño/camarero/empleado lo habría encargado.
Pues eso, que he robado un periódico y lo digo tan feliz como un niño que se encuentra un paquete de cromos (por no decir aquello de mas feliz que un niño con un caramelo).
Pero la alegría ha desaparecido de golpe, cuando al girar el periódico, he visto la contraportada. “El pulpo Paul tendrá sucesor” titulaba María Laura Aráoz.
Me parece una vergüenza que le den la contraportada a un pulpo, a un bicho viscoso que come mejillones y que le llama la atención el rojo y el amarillo (o quizás sea la corona) de nuestra bandera. ¿Que gracias a él hemos ganado el mundial? Por favor… lo habremos ganado por el buen juego español, o por el mal juego de otros países, pero no por un cefalópodo…
Como diría Andrea, Se ha muero el pulpo Paul, ¿Y qué?; miles de personas se mueren al día en condiciones indignantes, infrahumanas; miles de niños, de madres, de padres, de abuelos… y no tienen una contraportada, y mucho menos una portada. Y, ¿sabéis que es lo peor? Que no pueden soñar ni con tenerla.
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