Qué panorama tenemos en el mundo. Cualquier ciudadano habla hoy de la nueva filtración de Wikileaks en la que se han descubierto los secretos de la diplomacia estadouniense. Los papeles revelan las obsesiones de Washington; entre ellas el bloqueo a Irán, el juego en torno a China y opiniones sobre diligentes políticos desde Putin o Berlusconi, hasta Zapatero.
Y al fin y al cabo, no nos sorprende. Y hasta nos parece una de las mejores cosas para las que ha servido Internet en estos últimos años.
Con todo este tema de las filtraciones, todas las relaciones internacionales se van a ver alteradas; y no quiero imaginar lo que puede desencadenar todo esto.
No sé por qué razón, este tema me recuerda a la amistad.
Aristóteles en su definición de amistad, defendía que “La amistad entre hombres de mala condición es peligrosa, pues se asocian para cosas bajas, y se vuelven malvados al hacerse semejantes unos a otros.” Quizás ese es el problema de las relaciones internacionales: unos intentan parecer otros, y acaban siendo aquello que critican. Todo es un círculo: envidia, poder y dinero.
Intentar llevarte bien con alguien (países) para conseguir algo (dinero, poder) es el pan nuestro de cada día. Ahí es donde fallan las relaciones internacionales y las relaciones personales.
Eso es lo que a nuestros políticos no les importa, ni les importará jamás. Y este hecho, además de las crisis económicas y el mal funcionamiento de los gobiernos, es lo que está llevando a los jóvenes a un rechazo total de sus líderes y a la pérdida de confianza en un futuro prometedor. A la mayoría ya no les importa ni la política ni la economía; ni la religión ni la ciencia. Ahora ya no queremos nada.
Recuerdo que antes los políticos y autoridades eran ejemplos a seguir; ahora, si les imitamos, estamos jodidos.
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